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Recordando a Samuel Joya Nery

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Ante la partida definitiva de Felipe Pinglo Alva en 1936, Samuel Joya Nery diluyó sus sonrisa compañera para ser compositor. “Ave de paso” se tituló el vals de homenaje al amigo y maestro. Luego como discípulo de estilo fue firmante de “Armando Revoredo”, “Julia”, dedicado a su esposa, “Brisas perfumadas”, “Tres épocas”, “Tristezas de invierno”, “Deidad”, “Miserias del mundo”, “Amor entre las flores”, “Siglo Veinte”, “Ilusión ficticia” y “Estrella fugaz”.

Cañete, tierra del sol y ritmos negros, le vio nacer el 20 de agosto de 1905, pero desde los cuatro años radicó en Mercedarias de Lima. Amigo del canto no se prodigaba en las jaranas, incompatibles con su profesión de albañil. Pero ya por el año 32 cuando era chofer de nibus, surge públicamente como cantor al integrar el renombrado Trío Mercedarias que conquistara laureles para los Barrios Altos en las competencias teatrales de conjuntos.

Fue autor de las polkas “Rosa de abril”, “Melgar”, “Venus y sirenas”, “Chabuca”, “Morito de Andalucía”, “Sporting Tabaco”, “Bertha” y “Mi alegre ruisiñor”, esta última pieza compuesta especialmente para la cancionista María Jesús Jiménez. Asimismo compuso los festejos “San Antonio” y “Me voy”. 

Inesperadamente muere en el Hospital Dos de Mayo en 1947 y en los callejones y solares de los Barrios Altos surgieron los arpegios melancólicos de un canto funeral. Había sido “Una estrella fugaz” pues su vida había durado lo que se posa una mariposa sobre la flor. (Elementos del Perú)

 

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